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Agricultura dominicana enfrenta una doble sequía: falta de agua y de relevo generacional

SANTO DOMINGO, RD. – La agricultura dominicana enfrenta un doble desafío que amenaza su capacidad productiva: la escasez de lluvias está afectando cultivos y ganadería, mientras disminuye el interés de los jóvenes por las carreras agropecuarias y crece la necesidad de profesionales especializados.

La falta de agua ha provocado pérdidas y reducciones en el rendimiento de productos como plátano, piña, aguacate y mango, además de dificultades para garantizar agua y alimento al ganado. En el caso del plátano, productores han advertido que, si la oferta continúa disminuyendo, el precio podría alcanzar los RD$50 por unidad.

El impacto de la sequía no se limita a una menor cosecha. La reducción del agua disponible también incrementa los costos de producción, afecta la calidad de los productos y eleva los riesgos que deben asumir los agricultores, trasladando sus efectos a toda la cadena alimentaria.

Reservas de arroz dan un respiro

En medio de este panorama, las reservas de arroz representan una fortaleza para el abastecimiento nacional. Un inventario físico de la Unidad Ejecutora de Pignoraciones (UEPI), realizado entre el 24 y el 27 de agosto de 2026, registra 7,137,302 quintales de arroz en factorías del país, equivalentes a unas 713,730 toneladas métricas, además de 3,586,705 quintales de arroz pulido.

Sin embargo, las reservas permiten enfrentar el corto plazo, pero no garantizan por sí solas la producción futura. Para mantener la capacidad agrícola del país serán necesarios agua, sistemas de riego, semillas, investigación, tecnología, financiamiento y profesionales capacitados.

El clima obliga a modificar los ciclos de producción

En la Línea Noroeste, el productor y agrónomo Marcelo Reyes ha observado cambios en los períodos tradicionales de siembra. Explica que la siembra de arroz, que históricamente se concentraba aproximadamente entre el 15 de diciembre y el 20 de enero, comienza en algunos casos a adelantarse hasta octubre.

Estos cambios obligan a reorganizar la disponibilidad de agua, la preparación de terrenos, el uso de maquinaria, la mano de obra y los períodos de cosecha, aumentando la incertidumbre para los productores.

Reyes también ha observado incrementos de temperatura en algunas zonas, aunque advierte que un episodio puntual de sequía no es suficiente para atribuirlo directamente al cambio climático, ya que las tendencias climáticas requieren registros y observaciones sostenidas.

Menos jóvenes interesados en estudiar carreras agropecuarias

A la dificultad del agua se suma otro problema menos visible: el relevo generacional.

El Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología ha informado que alrededor del 1.5 % de los postulantes a 5,000 becas totalmente financiadas manifestó interés por carreras vinculadas al sector agropecuario.

La situación genera preocupación debido a que la agricultura moderna requiere cada vez más especialistas en áreas como suelos, agua, genética, sanidad vegetal, mecanización, comercialización y tecnología.

También existe una creciente demanda de profesionales capaces de utilizar drones, imágenes satelitales, inteligencia artificial, sensores y sistemas de información para hacer más eficiente la producción.

El exministro José Ramón Peralta ha planteado la necesidad de fortalecer la formación de profesionales agrícolas y vincularla con las nuevas tecnologías, mientras la Junta Agroempresarial Dominicana ha advertido sobre la necesidad de especialistas en áreas como entomología, fitopatología, nematología y virología.

El reto es atraer a una nueva generación

La agricultura dominicana también enfrenta el desafío de cambiar la percepción que muchos jóvenes tienen sobre el trabajo en el campo, tradicionalmente asociado con esfuerzo físico, sacrificio y baja rentabilidad.

El campo que requiere el país en los próximos años dependerá cada vez más de sistemas de riego tecnificados, sensores de humedad, análisis de suelo, información satelital y herramientas digitales para tomar decisiones.

Por ello, el relevo generacional no significa únicamente sustituir a los agricultores actuales, sino combinar la experiencia acumulada por generaciones con ciencia, tecnología y nuevos conocimientos.

Producir más, pero también desperdiciar menos

La escasez de agua también pone sobre la mesa la necesidad de reducir las pérdidas agrícolas y fortalecer la transformación agroindustrial.

Frutas y vegetales que no cumplen con determinados estándares comerciales pueden ser utilizados para producir jugos, pulpas, harinas, conservas y otros productos, prolongando su vida útil y generando mayor valor.

En ese sentido, el desafío no consiste únicamente en producir más alimentos, sino en aprovechar mejor el agua, reducir las pérdidas y obtener mayor rendimiento de los recursos disponibles.

Una estrategia que mire al futuro

El Ministerio de Agricultura cuenta con un Plan de Contingencia frente a la Sequía 2026, que contempla medidas como la tecnificación del riego, rehabilitación de canales, asistencia técnica, suministro de forraje, financiamiento y sistemas de alerta temprana.

No obstante, el desafío requiere una visión que trascienda la respuesta inmediata a los períodos secos. La agricultura deberá prepararse para producir con menor disponibilidad de agua, proteger las fuentes hídricas, desarrollar variedades resistentes, fortalecer la investigación, reducir las pérdidas poscosecha y mejorar la comercialización.

Y para aplicar todas esas soluciones será indispensable contar con una nueva generación de especialistas.

La falta de agua y la falta de relevo generacional son, en definitiva, dos problemas que convergen en una misma preocupación: la seguridad alimentaria de República Dominicana.

A propósito del Día Mundial de la Agricultura, conmemorado cada 9 de septiembre, el debate no debería limitarse a reconocer el trabajo de quienes producen los alimentos, sino también a preguntarse qué condiciones se están creando para que puedan seguir haciéndolo en los próximos años.

Porque la seguridad alimentaria no comienza en el supermercado, sino mucho antes: en el agua disponible, en la tierra, en la investigación y en las personas que tendrán la responsabilidad de producir los alimentos del futuro.

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