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La salud que se vende por TikTok: ¿quién controla los consejos médicos en redes?

Entre consejos sobre vacunas, dietas, suplementos y tratamientos, las redes sociales se han convertido en una especie de consultorio sin batas ni paredes. El problema: millones de personas pueden estar tomando decisiones sobre su salud a partir de videos cuyo autor, preparación profesional, evidencia científica o interés comercial muchas veces desconocen.

Un video de pocos segundos puede convencer a una persona de abandonar un tratamiento, consumir un suplemento, modificar su alimentación o desconfiar de una vacuna. TikTok, Instagram y otras plataformas han convertido la información sanitaria en contenido de consumo rápido, donde la cantidad de reproducciones puede terminar pesando más que la calidad de la evidencia.

El fenómeno no se limita a opiniones personales. Investigaciones académicas han encontrado una presencia importante de información incorrecta o engañosa en contenidos relacionados con salud. Un estudio publicado en 2024 encontró que casi la mitad de los videos de salud analizados contenían información no factual y que una proporción relevante del contenido engañoso procedía de influencers que no eran profesionales médicos.

La pregunta, entonces, deja de ser solamente quién tiene más seguidores y pasa a ser mucho más delicada: ¿quién está detrás del consejo que una persona puede convertir en una decisión sobre su cuerpo y su salud?

El consultorio que cabe en un teléfono

La pantalla muestra a una persona hablando con seguridad frente a una cámara: recomienda una dieta, cuestiona una vacuna, sugiere un suplemento o asegura que determinado producto puede ayudar contra una enfermedad.

Para el usuario puede parecer una orientación médica.

Pero divulgar información general sobre salud no es lo mismo que realizar una evaluación médica individual. Una enfermedad puede tener causas diferentes, requerir tratamientos distintos y presentar riesgos que no pueden determinarse a través de un video de TikTok.

El peligro aumenta cuando el contenido está presentado con apariencia de autoridad científica.

En 2026, una investigación de Science Feedback identificó al menos 18 cuentas de TikTok que utilizaban personas generadas o manipuladas mediante inteligencia artificial para presentar supuestos consejos médicos. Algunos de esos contenidos alcanzaron millones de reproducciones.

La investigación también encontró casos en los que se utilizaba la apariencia o identidad de médicos reales y señaló que algunos contenidos promocionaban productos o podían utilizarse para monetizar audiencias.

TikTok informó a los investigadores que cuenta con sistemas y equipos especializados para detectar desinformación sanitaria, contenido generado mediante inteligencia artificial, estafas y cuentas engañosas. La plataforma retiró cuentas que violaban sus reglas de suplantación.

Pero el problema permanece: un contenido puede llegar a miles o millones de personas antes de que alguien determine si es verdadero, engañoso o directamente falso.

La preocupación llega a los consultorios

En República Dominicana, especialistas han tenido que enfrentarse a pacientes que llegan a consulta influenciados por contenidos vistos en redes sociales.

El neumólogo Tulio Núñez advierte que uno de los temas que más preocupa dentro de su especialidad es la información difundida contra las vacunas sin respaldo científico.

La entrevista

Durante una entrevista realizada por la periodista Mayté Y, el especialista explicó que los profesionales han tenido que dedicar tiempo en consulta a desmontar afirmaciones difundidas en redes sociales que cuestionan la vacunación.

Núñez señaló que este tipo de contenidos puede generar confusión entre madres, padres y jóvenes cuando posteriormente un médico recomienda una vacuna.

A su juicio, el problema trasciende la decisión individual, porque puede convertirse en un asunto de salud pública si la población comienza a desconfiar de las vacunas a partir de informaciones que no cuentan con respaldo científico.

El neumólogo también mencionó otro tipo de recomendaciones frecuentes en redes: las relacionadas con modificaciones de la dieta y el uso de suplementos para intentar cambiar el curso de enfermedades respiratorias, como el asma.

Explicó que determinados cambios en la alimentación pueden formar parte de una orientación higiénico-dietética o servir como complemento, pero no deben presentarse como sustitutos de tratamientos respaldados científicamente para una determinada condición médica.

La advertencia del especialista apunta a uno de los problemas centrales de la medicina difundida en redes: una recomendación que puede parecer inofensiva puede adquirir consecuencias distintas cuando una persona la interpreta como sustituto de una indicación médica.

Cuando TikTok se convierte en una máquina de autodiagnósticos

La salud mental presenta otro escenario especialmente sensible.

Investigaciones recientes han encontrado información engañosa entre los contenidos más populares relacionados con salud mental, incluyendo diagnósticos simplificados, tratamientos sin evidencia y la presentación de experiencias emocionales normales como posibles síntomas de trastornos psiquiátricos.

Así aparece otro fenómeno: el autodiagnóstico digital.

Una persona observa un video que enumera determinados comportamientos y rápidamente concluye que tiene depresión, ansiedad, TDAH, bipolaridad o un trastorno de personalidad.

Pero una lista de síntomas en pantalla no equivale a una evaluación clínica.

El algoritmo tampoco conoce necesariamente el contexto médico completo de la persona que está viendo el contenido.

¿Quién controla lo que aparece?

No existe un único organismo que revise previamente todos los consejos médicos publicados en TikTok.

La responsabilidad está distribuida entre diferentes actores.

TikTok establece reglas para combatir la desinformación y el contenido perjudicial relacionado con la salud. Los profesionales sanitarios pueden identificar y denunciar información incorrecta, mientras que las autoridades tienen competencias específicas dependiendo del tipo de producto, servicio o conducta involucrada.

En República Dominicana, la Dirección General de Medicamentos, Alimentos y Productos Sanitarios (DIGEMAPS) tiene competencias relacionadas con la regulación y vigilancia de medicamentos y productos sanitarios.

También existe una dimensión de comunicación pública. El Servicio Nacional de Salud (SNS) realizó en mayo de 2026 una capacitación dirigida a equipos de comunicación de hospitales y servicios regionales sobre normas y lineamientos de comunicación digital, con énfasis en información confiable para la ciudadanía.

Pero queda una pregunta que sigue siendo incómoda:

¿Quién fiscaliza a una persona que desde TikTok recomienda un medicamento, promete curar una enfermedad o vende un producto asegurando que tiene beneficios médicos?

Detrás del consejo también puede haber dinero

Las redes sociales no solamente producen seguidores. También pueden producir ingresos.

Un creador puede utilizar una audiencia para promocionar suplementos, productos, consultas, tratamientos o cursos relacionados con salud.

Por eso, una de las preguntas que debería hacerse el usuario antes de seguir una recomendación es sencilla:

¿La persona que me está aconsejando tiene algún interés económico en que yo compre o utilice lo que está promocionando?

La preocupación adquiere otra dimensión cuando la recomendación aparece disfrazada de información médica.

Una persona puede creer que está viendo la explicación independiente de un supuesto especialista cuando en realidad está frente a una pieza promocional.

La inteligencia artificial agrega un nuevo peligro

El problema se vuelve todavía más complejo con la inteligencia artificial.

Ya no es necesario que exista una persona real detrás de la cámara.

Una imagen puede ser generada artificialmente. Una voz puede ser clonada. Un rostro puede ser manipulado. Y todo el conjunto puede presentarse como si correspondiera a un médico real.

La investigación de Science Feedback identificó contenidos protagonizados por supuestos médicos generados mediante IA que acumularon millones de visualizaciones, incluyendo casos con más de 14 millones de reproducciones.

La apariencia de autoridad puede fabricarse.

Y para una persona que busca desesperadamente una respuesta sobre su enfermedad, distinguir entre un profesional real, un influencer, un vendedor y un personaje creado con inteligencia artificial puede no resultar sencillo.

¿Y si alguien resulta perjudicado?

Aquí entra una dimensión todavía más delicada: la responsabilidad legal.

No todo consejo publicado en una red social genera automáticamente responsabilidad jurídica. Para determinarla deben analizarse las circunstancias concretas del caso: qué se dijo, quién lo dijo, cuáles eran sus credenciales, si hubo negligencia o engaño, si existió un daño y si puede establecerse una relación entre la conducta y el perjuicio.

El abogado Hildian Medina explica que también debe diferenciarse entre una persona que simplemente cuenta su experiencia personal y alguien que presenta una recomendación como una indicación médica o profesional.

La situación puede adquirir una dimensión diferente cuando existe promoción comercial, remuneración, engaño sobre las credenciales profesionales o una conducta que pueda considerarse ilícita.

En estos casos, la responsabilidad puede requerir analizar no solamente al creador del contenido, sino también las circunstancias de la promoción y los demás actores involucrados.

La legislación dominicana contempla un marco general de regulación sanitaria a través de la Ley General de Salud 42-01, además de normas específicas relacionadas con medicamentos y productos sanitarios.

¿Qué pasa si el supuesto médico ni siquiera es médico?

La utilización de títulos o credenciales falsas puede convertir el problema en algo todavía más serio.

La presentación de una persona como profesional sanitario cuando no cuenta con las credenciales correspondientes puede inducir al público a otorgarle un nivel de confianza que no posee.

Y en internet esa falsa autoridad puede multiplicarse rápidamente.

Un consultorio tradicional tiene una puerta, una dirección y una persona identificable.

En TikTok, el «consultorio» puede ser una cuenta anónima con millones de seguidores.

El algoritmo también forma parte de la historia

Otro elemento que no puede ignorarse es la manera en que las personas buscan información.

Una investigación de 2026 sobre búsquedas relacionadas con cáncer de mama en TikTok encontró que la forma en que el usuario formula una consulta puede influir en el tipo de contenido al que queda expuesto.

El estudio encontró una mayor proporción de posibles contenidos engañosos en determinadas búsquedas relacionadas con medicina alternativa. Incluso utilizar términos médicos no eliminó completamente la exposición a posible desinformación.

Esto significa que el problema no consiste únicamente en lo que una persona publica.

También importa qué busca el usuario, qué contenido le recomienda el algoritmo y qué decide seguir viendo.

De la pantalla a la vida real

El verdadero riesgo aparece cuando el video abandona la pantalla y se convierte en una decisión.

Cuando alguien deja de vacunarse.

Cuando abandona un medicamento.

Cuando sustituye un tratamiento por un suplemento.

Cuando consume un producto porque un influencer asegura que «cura».

Cuando se autodiagnostica.

Cuando retrasa una consulta médica porque encontró en TikTok una explicación que parecía suficiente.

La tecnología puede democratizar el acceso a la información sanitaria, pero también puede democratizar la difusión de información falsa.

Y mientras un video puede durar menos de un minuto, las consecuencias de seguir un consejo médico equivocado pueden durar mucho más.

Por eso, la pregunta que debería hacerse cada usuario antes de convertir un TikTok en una decisión médica no es cuántos seguidores tiene quien habla.

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